Hola, soy Isabel

Soy farmacéutica, formuladora y la persona que está detrás de Máyikas, de su laboratorio y de cada una de sus fórmulas.

Durante años, al otro lado del mostrador de una farmacia, escuché muchas historias de piel.

Mujeres que notaban menos luminosidad, pérdida de firmeza, tirantez, rojeces o una sensibilidad que antes no tenían.

Buscaba productos que respondieran de verdad a esas necesidades, pero muchas veces no encontraba lo que ellas necesitaban.

Así que empecé a imaginarlo.

Y un día dejé de imaginar fórmulas y abrí mi propio laboratorio para crearlas.

Así nació Máyikas: fitocosmética de laboratorio para piel madura, formulada y fabricada en España.

Cada producto empieza desde cero.

Selecciono los ingredientes vegetales por lo que pueden aportar, trabajo con concentraciones que tengan sentido y combino los activos buscando que la fórmula funcione como un conjunto.

No utilizo ingredientes para que suenen bien en una etiqueta, sino porque tienen un papel real dentro del producto.

También me importa mucho cómo se siente una fórmula sobre la piel.

Creo que la eficacia necesita constancia y que es más fácil ser constante cuando una textura apetece, un aroma acompaña y el momento de aplicarla se disfruta.

En Máyikas no encontrarás promesas imposibles ni mensajes que pretendan borrar el paso del tiempo.

Encontrarás fórmulas cuidadas, instrucciones claras y expectativas honestas sobre lo que puedes notar con el uso continuado.

Trabajo en lotes pequeños, controlo cada fase del proceso y sigo estando al otro lado cuando necesitas ayuda.


Porque Máyikas no es solo cosmética. Es una forma de entender la piel y también de entender el cuidado: sin prisas, sin exigencias imposibles y sin necesidad de convertirte en otra.

Para mí, cuidarse no es luchar contra el tiempo ni perseguir una piel perfecta. Es aprender a escucharla, darle lo que necesita y disfrutar de ese momento cotidiano que haces solo para ti.

Esa es la filosofía de Máyikas: fórmulas con intención, expectativas honestas y placer en el uso.

Menos promesas, más criterio.

Menos presión, más cuidado.


Y si en algún momento no sabes por dónde empezar, pregúntame. Soy yo quien te responde.